Hay un momento en el flamenco que no se aprende con los pies.
Es ese instante en el que una respira hondo, da un paso al frente y se arranca a bailar. Sola. Delante de sus compañeras. Sabiendo que al otro lado solo va a encontrar miradas que animan, que sostienen y que celebran.
Y si además el compás llega de la mano del cante, de la guitarra, y de nuestra Julia "La Charra", todo cobra otro sentido.
Así terminamos nuestro monográfico de bulerías: compartiendo, escuchando, disfrutando y recordando que el baile también es esto. Atreverse. Confiar. Vivir el momento.
Gracias a todas por hacerlo tan bonito.
Porque en Alboreá, en Valdemoro, el baile siempre estuvo aquí.
¡Síguenos!